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12 noviembre 2012

Retando a la musa #4 | Dream for real

Voy con una semana de retraso, pero ya comenté que me encontraba en época de exámenes. En esta ocasión, el relato debía girar en torno a una caja de cartón que tuviera algún poder en concreto. En mi caso salió más extenso de lo que pensaba en un inicio, ya que quise darle un contexto algo más amplio.

¡He aquí mi relato!



Dream for Real

Cierro los ojos e inspiro el aroma de mi hogar. Hacía ya mucho tiempo que deseaba volver a mi tierra natal, y, en cuanto se me presentó la oportunidad, no dudé ni un segundo en preparar las maletas llevándome justo aquello que me era indispensable. No me importó tener que prescindir de ciertas personas, lugares y momentos que jamás volverían a darse, simplemente me dejé guiar por mis anhelos de volver y tratar de recuperar aquel pasado que tanto me costó dejar atrás.
Meto la mano en el bolsillo y busco la llave que me permitirá comprobar si su interior resta igual que el exterior. Esta pequeña casa de paredes blancas aún mantiene aquella aura que la hacía tan especial, como si formara parte de un mundo aparte, completamente indiferente al lugar al que perteneciera. Mantengo la respiración al tiempo que inserto la llave en la cerradura, la misma de hace veinte años atrás. Tras oír cómo se abre el cierre, reúno el coraje suficiente y empujo suavemente la puerta,  permitiéndome disfrutar del suave tacto del relieve en la madera. Me deleito al confirmar que nada ha cambiado, y me siento como un extraño que trata de quebrantar el hermoso silencio que debe haber asolado el lugar en los últimos años.
Antes de quitarme lentamente los zapatos, dejo a un lado las maletas, cerca del antiguo colgador situado junto a la puerta. Parece que no haya pasado el tiempo, ni siquiera soy capaz de apreciar ni una mota de polvo en el ambiente. Dirijo la vista a mi izquierda, donde se encontraba nuestra antigua sala de estar. Aún permanecen intactos los sofás de piel con sus cojines morados. Acercándome a ellos visualizo la estantería, aún con las fotografías de mis padres. Sonrisas congeladas que ya no son capaces de desprender aquella felicidad contagiosa, que con solo verlas eras incapaz de seguir sumido en tu tristeza. Demasiados recuerdos he tenido que bloquear antes de empezar a plantearme el volver. Veinte años son los que he tardado en cerrar mis heridas y volver aquí para tratar de recuperar mi pasado. Era inevitable que tarde o temprano el destino me devolviera al lugar al que pertenezco con el fin de intentar concebir un futuro mejor. Esta vez no elegiré la opción equivocada.
Sigo revisando la planta baja, comprobando como el comedor y la cocina siguen intactos, incluso me atrevería a decir que es posible que en alguno de los armarios aún se encuentre mi vieja caja de galletas con mis primeras figuras de juguete en su interior. Tras disfrutar un poco más de pequeños descubrimientos ya realizados tiempo atrás, me decido a subir al piso superior. Al tiempo que avanzo por las escaleras, siento el crujir de la vieja madera bajo mis pies descalzos.
Encontrándome frente al pasillo que conduce al resto de dependencias de la casa, me decido por visitar la habitación en la que pasé la mayor parte de mi niñez. La puerta, entreabierta, es lo único que desentona y no consigo rescatar de mis recuerdos. El interior de la habitación es completamente impecable: mi cama, demasiado pequeña para mi yo actual, sigue perfectamente hecha, solo una leve arruga producida por la almohada perturba tal perfección; el suelo, aún con algunas piezas del rompecabezas de Toy Storyä, no muestra prueba alguna de que alguien haya irrumpido en ella recientemente; los cuadros de mis dibujos animados favoritos perduran en las paredes, entre dibujos e ilustraciones realizadas por mí algún tiempo atrás. Recuerdo el día en que realicé todas aquellas pinturas, con mis pasteles favoritos daba a conocer todas las aventuras que me sucedían en esta casa. Entonces, en uno de aquellos dibujos reconocí algo que creí haber olvidado.
Salgo corriendo de la habitación, recorriendo el pasillo que me separa de mi objetivo. En mi camino, percibo la ligera inclinación que caracterizaba a los cuadros de esta casa, los cuales te acompañaban hasta llegar al final del corredor. Tal y como me temía, era muy probable que aquello que deseaba volver a ver más que nada, lo que realmente era lo más valioso que existía para mí, mi esperanza, aún permaneciera en el mismo lugar donde lo escondí. Quizá lo único que podría haber perturbado el estado de mi hogar era aquello que se encontraba, o debería encontrarse, en el desván.
Tiro suavemente de la cuerda que permite dejar caer la escalera para poder subir hasta la puertezuela y acceder al que fue para mí el mejor lugar en el que distraerse de los problemas. Una vez terminada de fijar la escalera, subo lentamente cada uno de los peldaños hasta poder llegar a sacar la cabeza por la apertura. Todo es oscuridad, pero no tardo demasiado en dar con una pequeña linterna. Sorteando el par de escalones que me quedaban y me hago con el control de mi nueva fuente de luz. Paseo distraídamente entre las cajas que se amontonaban unas sobre otras por todos lados, escondiendo en su interior ropa, libros, comics y objetos de diversa índole que mis padres habían querido resguardar del paso del tiempo. Lo mismo hice yo con mi objeto especial. Pese costarme diferenciarla de los demás, no tardo demasiado en dar con ella. Ahí estaba, siguiendo igual que siempre, con sus pequeñas arruguitas en los bordes, aquellas pequeñas manchas de suciedad fruto de las muchas aventuras que vivimos juntos, los dibujos en forma de espiral en distintos colores con lo traté de cubrir los pequeños desperfectos, el lazo rojo que encerraba el mayor de los secretos por contar y la inscripción en su lateral: «Dream for real[1]», con la caligrafía de mi padre. Esa fue la frase que me acompañó toda mi infancia, juntamente con aquella preciosa caja de cartón. Quizá no se tratara aparentemente de algo muy valioso, pero en su interior residía algo sumamente increíble e imposible de imaginar: todo tus sueños, tus mayores deseos, aquella caja era capaz de hacerlos realidad. ¿Quién sería capaz de creerse que en ella se podía albergar eso y mucho más? Siendo franco, el día que por mi quinto cumpleaños me fue regalada, dudé seriamente de si se trataba de una broma, pero en el momento en que mi padre me pidió que pensara en lo que quisiera que aquella caja me proporcionaría todo lo que deseara. Lo recuerdo como si fuera ayer mismo:
- Jake, lo que te voy a dar será el mejor regalo que puedas recibir. Es algo que mucha gente desearía tener, por eso mismo es muy importante que lo trates con sumo cuidado y no caiga en manos equivocadas. – Entre sus manos sostenía un pequeño paquete de forma rectangular envuelto en un papel de regalo de un sinfín de colores. Me incorporé en la silla lo máximo que pude para tratar de adivinar qué podía esconderse bajo aquel pequeño envoltorio.
- Papá, papá, dámelo. – Le insistí estirando los brazos para llegar a alcanzarlo. Mi padre, sonriente, dejó que sostuviera yo mismo el paquete, mientras él, poco a poco, iba retirando el envoltorio. Cada movimiento de sus manos descubría un fragmento de lo que se escondía en su interior, hasta que al fin pude adivinar de qué se trataba. Una pequeña caja de cartón, del mismo tipo de las que se usan en las mudanzas reposaba, sobre mis manos.- Pero, papá, si es simplemente una caja de cartón. - No pude evitar dejar aflorar mi disgusto al ver que no se trataba de nada especial. Me sentí engañado ante tal expectativa de que se tratara de algo tan extraordinario. Pese a mi reproche, la sonrisa no desapareció de la cara de mi padre. De hecho, creo que ya sabía cuál iba a ser mi reacción.
Entonces, cogió una servilleta de encima de la mesa, la extendió como si se tratara de un folio de papel y se sacó de su bolsillo su magnífica pluma que siempre llevaba encima. Se sentó a mi lado y me preguntó:
- ¿Qué es lo que te gustaría recibir en el día de hoy por tu cumpleaños? Piensa en cualquier cosa. Deja volar tu imaginación.
En ese momento, en mi mente de niño, solamente se me pasó por la cabeza lo que siempre había deseado pero se me había negado.
- Un perrito. De aquellos que parecen de peluche. Blanco y de pelo muuuuy suave. - Mi padre, en aquella servilleta anotó con su pluma: «Un cachorro de Golden Retriever.» Lentamente la dobló, abrió las solapas de la caja que yo aún sostenía e introdujo la nota en su interior. Una vez se aseguró de que la petición estaba correctamente situada en el fondo de la caja, cerró las solapas y contó hasta tres. Me animó a que repitiera con él la secuencia en voz alta. Al nombrar el último número, sentí como algo se removía en su interior y poco me faltó para que la soltara de golpe y terminara en el suelo. Mi padre con mucha delicadeza abrió las solapas, repitiendo el proceso anterior. Nada más levantar la primera, pude ver como una pequeña cabeza asomaba por la apertura. Ya os debéis imaginar mi cara de sorpresa al comprobar que realmente había aparecido un perro dentro de la caja, algo que científicamente era imposible y dudaba que mi padre tuviera dotes de mago.
- Ya has visto de lo que es capaz de esta caja. Todo aquello que desees aparecerá por arte de magia, por eso debes ser muy cuidadoso con todas las peticiones que introduzcas en ella, ya que al son de un, dos, tres, aparecerá sea lo que sea en su interior. No importa si son cosas materiales o intangibles, tampoco su tamaño o forma, ya que pese a que su interior parezca de lo más pequeño, una vez extraes lo que has pedido recupera su tamaño original.- Me advertía al tiempo que sacaba al pequeño Toby de su interior.- Recuerda: Sueña, desea para que sea real.
Desde aquel día, pasé mi infancia descubriendo que podía ofrecerme la caja. Un día sí y otro también, andaba con un bloc de notas anotando todo aquello que me apetecía e introduciendo mis peticiones en su interior. Un, dos, tres, y aparecía toda clase de objetos, mayormente juguetes: soldaditos de plomo animados, coches teledirigidos, osos de peluche con los que me divertía cantando, un payaso que se dedicaba a entretenerme cuando ya estaba aburrido y no sabía qué hacer… Siendo todo ello cosas de lo más banales y sin más utilidad que el complacerme.
No obstante, había algo con lo que no había contado mi padre. Diez años más tarde, nos encontrábamos cenando todos en el comedor cuando me recriminó que abusaba demasiado del poder de la caja. Lo cual, provocó mi enfado y que arremetiera contra ambos:
-  Te advertí que no debías darle un mal uso, pero tampoco te avisé que no debías abusar de lo que podía ofrecerte. Desde que te la di no has hecho más que usarla para divertirte y sacar de ella objetos sin provecho alguno. Deberías tratar de aspirar a más y pedir solo aquello que realmente desearas no simples cosas mundanas que necesitas en un momento determinado sin más función que el entretenerte.
- Papá, ¿no me dijiste que le diera el uso que quisiera? ¿Que pidiera todo aquello que deseara? Simplemente me he dedicado a aprovechar todo lo que he podido, no podía dejar pasar la oportunidad de obtener todo aquello que se me pasara por la mente. - Le respondí con malas formas. Vi como la cara de mi padre se encendía tiñéndose de color escarlata.
Mi madre trató de calmarlo desde la cocina:
- Cariño, Jake tiene razón y le ha dado el uso que ha querido conforme su edad. A medida que se haga mayor, verá otras formas de aprovecharla mejor. - Se acercó y se puso a su lado dándole leves palmaditas en el hombro.- Hijo, deberías hacer caso a tu padre y prescindir un poco de ella, no creo que sea recomendable que sigas utilizándola día tras día sin pensar que algunas peticiones son completamente innecesarias.
El tratar de “innecesarias” mis sueños, mis diversiones, mis deseos, fue la gota que colmó el vaso. Ya con anterioridad habían tratado de poner fin al uso indiscriminado que le había dado a la caja, así que esta discusión fue el punto y final al tema de «Qué podía pedir y qué no». Sin pensarlo demasiado, aproveché la misma servilleta que había estado usando, cogí el tenedor y con la salsa que me quedaba en el plato escribí: «Deseo que mis padres me dejen en paz y poder hacer lo que yo quiera». Metí la nota en el interior de la caja y esperé a que sucediera el milagro. Un, dos, tres, y como si todas las luces se hubieran fundido, quedé en completa oscuridad. En cuanto conseguí recuperar la electricidad, solo existía el silencio en casa. Oía mis propios pasos pero nada más.
- ¿Papá? ¿Mamá? - No obtuve respuesta alguna.
El ambiente se tornó gélido y fui incapaz de volver a utilizar aquella caja. Decidí esconderla en el desván hasta que fuera algún día capaz de volver a utilizarla. Mi última petición había sido demasiado arriesgada, fruto de un momento de impulsividad, sin posibilidad de revocarla.
Pese a la buena infancia que había pasado en aquella casa, me fue imposible seguir permaneciendo en ella tras lo que había sucedido. A día de hoy, los extraño más que nunca. Veinte años he tardado en decidir retornar a mi hogar, y aquí estoy para redimir mis errores. Durante todo este tiempo he deseado con todas mis fuerzas que todo fuera una pesadilla, pero sé del seguro que esto no es posible. Día tras día, he esperado su llamada, una llamada que jamás se efectuó.
Ahora me hallo sentado en el desván con la caja sobre las piernas, mi bloc de notas enfrente de mí y la pluma de mi padre en la mano. Vacilo sobre cuáles son las palabras correctas para mi petición. ¿Debería escribir un simple «Lo siento»? Sería un mensaje sincero, pero que dudo que la caja entendiera. Debería ser más preciso en qué es concretamente lo que pido.

Deseo volver veinte años atrás.

Esta sencilla frase consiguió que mi la caja de cartón estallara en mil pedazos, formando una lluvia de colores a mi alrededor. Sin embargo, no tardó demasiado en extinguirse, permitiéndome comprobar que seguía en el desván, con la única diferencia de que entre mis manos ya no existía caja alguna. Cierro los ojos y me echo a llorar. Encogiéndome, me abrazo las piernas hasta no oír nada más que mis sollozos. Incluso me parece notar que los pájaros se habían vuelto mudos.
Entonces, cuando ya lo daba todo por perdido, escuché una voz que me resultó de lo más familiar. Un simple murmuro que me devolvió toda esperanza. Una voz que hacía demasiado tiempo que no escuchaba.
- ¿Jake? ¿Estás ahí? ¿Por qué no bajas a cenar?
No tardé ni dos segundos en bajar al comedor, para deleitarme de nuevo con las sonrisas que tantos años me habían hecho falta. Sonreí, al fin.

El destino no existe, tú forjas tu destino con tus propias decisiones.
Por ello, a veces tomamos decisiones precipitadas y la vida nos castiga por ello. Sin embargo, siempre existe la opción de dar con la solución y recuperar lo perdido.



[1] «Dream for real»: Sueña para que sea real.

29 octubre 2012

Retando a la musa #3

Un poco al límite del plazo, traigo mi resultado del tercer ejercicio de Retando a la musa, organizado por Paula de La galaxia de papel. Si queréis saber más sobre el tema, haced clic en el banner que se encuentra en el lateral del blog.

En esta ocasión, debíamos describir la imagen que nos facilita, no lo que nos inspira. Es algo distinto al de la última vez :)

Recuerdos

Cierro los ojos. Una suave brisa me acaricia la cara. Siento el aroma de las margaritas, así como el zumbido de las abejas que vienen a por su néctar. 
Recuerdo aquellos días de primavera en que veníamos juntos a esta pradera. Cogidos de la mano, nos dejábamos llevar y paseábamos hasta que estuviéramos cansados. Entonces, nos tumbábamos a los pies de aquel enorme árbol, el único que nos podía ofrecer algo de sombra bajo el sol abrasador. 
Sonrío al pensar lo mucho que te encantaba sentarte sobre la verja, y cuando sentías que ya no podías estar quieto mucho más, eras de lo más nervioso, te subías en ella y dabas muestra de tus posibles dotes como equilibrista. Yo te observaba y me deleitaba al pensar que ojalá esa sonrisa tuya jamás menguara.
Pero hoy, ni siquiera este precioso cielo azul es capaz de evitar que mis lágrimas resbalen por mis mejillas hasta terminar en el césped cual rocío por la mañana. 
Sin ti, cada vez me cuesta más retornar a esta pradera, y me es imposible olvidar tantos buenos momentos que sé que ya no volverán.

10 octubre 2012

Retando a la musa #2: La sirenita

Bueno, ya tenemos aquí lo que mi cabecita ha dado de sí para este segundo reto. Esta vez se trataba de crear una historia, poema o pensamiento a partir de lo que nos transmitiera la imagen. Mi texto ha resultado ser muy breve, en comparación al anterior, pero quien me siga en twitter ya debe saber que estos días no estoy al 100%.

Sin más, os dejo con el texto:

La sirenita

Sentir la brisa acariciar mi cara, y percibir la leve calidez del sol en la piel. Sacarse las sandalias, disfrutar del contacto con la arena y dejar que las breves olas jueguen con las puntas de los dedos de mis pies. A medida que me acostumbro a la temperatura del agua, avanzo y me introduzco en este paraíso llamado mar.

Lentamente, me encojo como si volviera a convertirme en niña, y permito que me cubra hasta fundirme por completo en las aguas cristalinas. Nado y disfruto de cada momento, cual sirenita del cuento, hasta que decido volver a la superficie y sentirme humana de nuevo.

Me dejo flotar y transportar al son del oleaje, pensando cuándo llegará el día en que deba escoger que vida llevar.

04 octubre 2012

Retando a la musa #1

Bueno, debo decir que hasta hoy no me había puesto con el reto por falta de tiempo, pero ya está hecho y en poquísimo tiempo (¡ha pasado poco más de una hora desde que empecé!). La verdad es que el método que nos ha propuesto Paula para este primer taller ha resultado ser todo un éxito. La redacción se ha hecho en base a El método de la cadena. Ella nos propuso unas palabras y nosotros debíamos utilizarlas para crear nuestro texto, sin cambiar ni una sola letra de ninguna de ellas. La verdad es que estoy bastante satisfecha(: 

Sin más, os dejo con el texto:

Los primeros rayos de sol acariciaron su piel y le invitaron a dejar de soñar para dar paso a la realidad. No podía creer que por fin había llegado el día tan esperado. Jamás pensó que el simple tono de su despertador le sonaría cual música celestial.

Se dispuso a subir las persianas, permitiendo que la habitación se sumiera en una leve iluminación. Asomarse a la venta, cerrar los ojos y disfrutar del aroma del mar le permitió relajarse y tomar fuerzas para el día que le esperaba. No tenía ninguna cita concertada ni ningún plan preparado, sencillamente sentía que este cuatro de octubre sería un día significativo para él. 

Mientras estaba aún sumido en su ensoñamiento, la escena que se sucedía frente a su ventana le obligó a abrir los ojos y despejarse de golpe. ¿Por qué debía de correr aquella mujer de buena mañana con el frío que hacía? Nunca entendería los hábitos saludables de la mitad de la humanidad, quienes decidían realizar ejercicio día tras día y martirizarse después con un desmesurado cansancio. Por “suerte”, el se encontraba en el otro grupo, aquellos que preferían vivir saludables mediante el sedentarismo y la buena vida. ¿Eso es posible? Así lo creía él. Lo que no terminaba de entender es porque dicha joven corría con un vestido rojo. ¿No era lo habitual el chándal y las zapatillas de deporte? Quizá recién debía volver de una fiesta y, por no tener en cuenta la hora, ahora se veía obligada a volver lo más deprisa posible a su casa. Verdaderamente parecía sacada de una película. ¿Se trataría de una actriz? Con su pelo suelto ondeando al viento, sus rasgos felinos perfectamente enmarcados con una leve muestra de maquillaje y su esbelta figura contorneándose al son de sus pasos. Definitivamente, sí que iba a ser un gran día. Tras esta visión, sabía que el día solo podía ir a mejor.

Se dispuso a bajar a desayunar tras haberse vestido con su sudadera y pantalones favoritos, no quería pasar este día de otra forma más que paseando por la playa y disfrutando de la tranquilidad que le ofrecía el día.

Salió de casa dejando sus zapatillas en la entrada, no quería echarlas a perder por la humedad. Enfiló la pasadera que conduce desde el paseo marítimo hasta la orilla, pero su trayecto se vio interrumpido al ser deslumbrado por unas luces. ¿Cuál sería el origen de esos destellos? Se cubrió los ojos con la mano, protegiendo así su vista aún adormecida de tal reflejo. Poco a poco fue acercándose a la fuente de luz y se dio cuenta que las luces que él creía haber visto no eran más que unas letras trazadas en el suelo, con todo un cúmulo de conchas, pequeños trozos de cristal tamizados por el agua del mar y otros objetos que era incapaz de diferenciar. Trató de alejarse para poder leer la palabra formada: Miel. 

-  ¿Miel? - Se preguntó.- ¿Quién debe haber escrito esto aquí?

Mientras cavilaba sobre cuál podría ser la interpretación de ese mensaje, si podía llamársele así, sintió como algo le golpeaba suavemente en los pies. Pequeñas piedras rodaban lentamente hasta chocar con sus talones.

- Miel. Me gusta la miel. – Escuchó justo detrás de él.

La misma chica del vestido rojo, que había visto correr hacía poco más de una hora, se encontraba tras de sí mirándole fijamente tras tal revelación. Su dulce voz, ¿le estaba invitando a conocerla? 

Los dos se sostuvieron la mirada durante un largo lapso de tiempo, sintiendo la arena acariciándoles los pies. Sí, hoy iba a ser un gran día.


Espero que os haya gustado ^^

27 septiembre 2012

Retando a la musa.

Bueno, por fin me decido. No sé si mis musas estarán por la labor, pero me lanzo a ello.

Gracias a Judith, pude saber sobre esta iniciativa. Quien nos propone este reto es Paula de La galaxia de papel.
Ella, los viernes, se dedicará a ofrecernos unos talleres o actividades que deberemos realizar (aquellos que nos animemos) con el fin de conseguir:
  1. Nuevos textos para nuestros portafolios.
  2. La oportunidad de dar a conocer nuestros escritos.
  3. Conocer a otras personas que compartan nuestra pasión por la escritura.
[La he citado textualmente]

Yo creo que es una buena propuesta para todos aquellos que nos guste escribir, con lo que... ¡Os quiero ver yendo a su blog y apuntándoos! o(-`д´- 。)

Para ello : Haced clic en el banner :3


¡Tenéis hasta mañana día 28 para apuntaros! Y mañana empezamos el primer taller, ¡yay!